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“Los medios impuros desembocan en fines impuros." Mahatma Gandhi

El Feng Shui de origen oriental es una ciencia de conocimiento integra para crear espacios vivos, para sentirse bien. Feng Shui intenta comprender la identidad de espirito, alma y energía de una casa o un lugar para considerarlas en su diseño.
De este modo tanto nosotros las personas como nuestro espacio, nuestras habitaciones donde vivimos y trabajamos, estarán abastecidos con la energía vital necesaria – el Chi.

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La casa como un todo

Contemplamos la casa como algo completo, como un ser. La casa tiene, igual que el ser humano, aspectos de cuerpo, alma y espíritu. La consciente y viva relación entre casa y hombre crea ese ambiente nutritivo, en el que las personas podemos crecer y el que sentimos como belleza y dicha. La ropa se entiende como la segunda piel del hombre, debemos sentirnos calentados y protegidos por ella. La casa  es la tercera piel del hombre, donde debemos sentirnos bien y seguros, y el jardín es la zona transitoria del interior - de la casa - al exterior - al mundo. Aquí podemos probar qué caminos son los mejores para nosotros y cuáles de los temas de vida crecen bien.

Si seguimos comparando la casa con el ser humano, se crean los niveles del siguiente modo:

El sótano – el subconsciente

Planta baja y pisos – el ahora, la vida diaria consciente

Piso superior y ático – el futuro, lo espiritua

En este sentido, la planta baja es el piso o nivel más próximo a la vida diaria. Desde aquí Ud puede ver directamente la calle y el jardín a través de las ventanas.

Si su casa tiene una segunda planta o un ático significa que Ud. se orienta aparte de lo diario también a lo futuro. En el caso de que allí se encuentra la habitación para invitados es posible que éstos le comenten sugerencias o consejos acerca de su propio futuro.

En el sótano Ud debe cuidar  especialmente de la estructura y tener paredes secas. Humedad y desorden en este lugar le costaría inconscientemente mucha fuerza y energía vital.

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Cuando se miran terrenos, casas y sus interiores con “ojos del Feng Shui”, el flujo del chi es de suma importancia. Hay que considerar una de las reglas básicas para guiar el chi:

Adonde va la mirada – va la atención.

Adonde va la atención – va el chi.

Pues nuestra meta es atraer las miradas y el chi a través de la belleza y la identidad del lugar, como señal cualitativa de la atención.

 

Silvia Reichert de Palacio
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Publicado en Arte

Si se fijan, al pasear por las calles de Palma, verán cómo están completamente empapeladas de anuncios de multitud de negocios que han proliferado a propósito del concepto “stress”, basta con ojear la prensa, o esta revista, por ejemplo...

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Vivimos a toda pastilla, muchas veces literalmente. No hay más que darse una vuelta por la ciudad y observar a la gente, el tráfico, para apercibirse de esto.

Es el signo de los tiempos, la prisa.

Pero...¿realmente es esto nuevo, no pensaban esto mismo las gentes de generaciones anteriores?

Mejor que no se nos ocurra quedarnos en eso melancólico de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, y permanecer tristemente atrapados en la mortífera fantasía del “paraíso perdido”, que ni fue tal paraíso ni perdimos, puesto que nunca lo llegamos a tener.

Eso sí, aún quedan algunos “Oasis”, afortunadamente, donde disfrutar en calma y gozar de uno de los mayores placeres a los que puede acceder una persona.

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Si desea desconectar, si busca tranquilidad, si tiene la vista cansada de tantas imágenes espantosas vistas en los medios de comunicación, cegada por la luz fría de la pantalla del ordenador o de la televisión, entre el escándalo y lo anodino, déjese un rato libre para usted, y salga a la calle, pasee.

Y si sueña con un lugar en donde se respire un aire limpio y sereno, donde estar en paz y reencontrar un goce, el artístico, que sí una vez tuvo, ciertamente, vaya a una galería de arte, o a un museo.

¿Les parece que exagero? No. Se trata de Arte. Y esto no es una broma, pero sí que tiene que ver con el juego, cosa muy seria, como indicaba Sigmund Freud a propósito del arte del creador literario.

Pero es que resulta, que nunca fue que hayamos perdido un “paraíso”, es que estamos dejando de disfrutar de cosas que verdaderamente tienen que “ver” con nosotros, y que pueden dar a nuestra vida un sentido trascendente, y placer en lo cotidiano.

Es muy posible que si lo hace en una fresca mañana de abril, o en una luminosa tarde de primavera pueda deleitarse contemplando una obra de Arte en esa soledad silenciosa en la que se accede a lo sagrado.

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En pocos sitios nos encontraremos tan espiritualmente conectados con algo así Grande. Estamos en un Templo. Se trata de Arte.

No nos faltarán ocasiones para disfrutar. Sólo que, autoricémonos, autorícese a disfrutar del Arte, no se prive. Contemplando receptivamente un cuadro se transmuta algo en nosotros, como se reactivan los recuerdos al mirar el escaparate de una tienda de objetos de bellas artes, fascinados como el niño que disfrutaba rayando con un lápiz en la mano. Metiendo los dedos en los botes de las témperas, jugando, coloreando sin prejuicios.

Así éramos. Así somos, artistas y actores en nuestra historia. Contemple, admire, imagine. Despacio. Con calma. Pinte, escriba. Re-encuentre en sí mismo al artista, al poeta. Está ahí. Por algo dicen que “en cada hombre hay un poeta y sólo con el último hombre morirá el último poeta.”

 

Mariano Soto.
Director de Fondamenta.

 

 

Publicado en Arte

Recordemos que al hablar del Complejo de Edipo, de ese pasaje crucial tanto para la estructuración de nuestro psiquismo como para la orientación del deseo humano, nos referíamos a las relaciones afectivas que el niño mantiene, fundamentalmente de manera inconsciente, con las figuras parentales.  Hacíamos mención a tres momentos, tres tiempos diferentes según la lectura que Lacan hizo de la triangulación freudiana. En el primero de ellos distinguimos una dupla. Sí, una relación dual a la que podríamos representar como un huevo. La figura ternaria advendrá después, cuando haga su aparición el tercero, o sea, el aguafiestas: el padre. Hasta entonces, desde el punto de vista del infans, de la criatura, existe una situación de indiferenciación entre la madre y el niño.

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Para el “cachorrito humano” su mamá es como una prolongación de su ser. Pues bien, a dicha fusión, a semejante grado de coalescencia, se le denomina célula narcisista, en tanto en cuanto, según la conocida expresión popular, no hay dos sin tres.


En los tiempos siguientes del Complejo de Edipo el padre entra en juego. Algo esencial para que los procesos identificatorios tengan lugar. El papel, por consiguiente, de la figura paterna, de la función padre, es clave para que toda la “maquinaria edípica” se ponga en marcha y llegue a su fin: su disolución, y con ella la mayoría de edad del sujeto, es decir, su madurez.


Pregunta: ¿Qué es un padre? Respuesta: Aquel que tiene por función producir un corte en dicho huevo. ¿Para qué? para que se produzca el sujeto. Para que el sujeto como tal advenga, para que exista propiamente la llamada subjetividad de fulanito de tal.



 

Hoy nos detendremos en señalar dos formas inadecuadas de intervención paterna. Dos maneras insuficientes de mediación en dicha dialéctica edípica del deseo. Dos formas no adecuadas de ser papá, ya que dificultan que el niño salga con éxito de esa posición inicial de súbdito. Hacer (bien) de padre es vital para que el pequeñín deje de desear ser el deseo de la madre. Acontecimiento importante porque si esto no se produjera, o no ocurriera de la manera conveniente, si no acaeciese ese “desenganche”, su vida adulta estaría impregnada de componentes muy infantiles. Sin embargo, para que “el polluelo” pueda salir del cascarón, la madre tiene que tener, digámoslo así, cierta consideración por el padre.

El trabajito de padre, además de ser incómodo, no estará exento de la dificultad propia de los tienen que ejercer de educadores. Una labor incómoda ya que el “arañacito” que provocará su sola presencia molestará, al principio, tanto al niño como a la madre. Por eso que él debe entrar con suavidad pero, a la vez, con firmeza. Con autoridad, no con autoritarismo.

Con delicadeza pero sin flojear. ¡Claro que, para eso, él debe haberse ganado antes el respeto de su mujer! Si no, diga lo que diga, a ella, ni fú ni fá. Es decir, que la madre, a los ojos de la criatura, es la que sigue llevando los pantalones. Y si sigue sujetando la sartén por el mango, ella es la que continua dictando la Ley, la suya.


¿A quién va, pues, con semejante panorama, el indefenso pequeñín, a encomendarse sino al progenitor más “sólido”? Entonces, un padre demasiado interdictor, no sirve. Y no le vale, porque mucho “macho” no da seguridad; la confianza necesaria para aguantar “el tirón” del relevo. Sin embargo, lo contrario: un padre “enclenque”, por razones muy parecidas, viene a producir el mismo resultado. ¿Qué seguridad se deriva de aquel a quién se considera un calzonazos?

José García Peñalver
Psicólogo Clínico-Psicoanalista
Autor de “Hay otra manera de vivir”
www.psicoanalisispalma.com

Publicado en Salud

Nos adentraremos en la atmósfera de una nación de tradiciones seculares y refinada cultura... Un ancestral país cuyo paisaje, de exquisita belleza, refleja la sublime sensibilidad de un viejo pueblo cuyo origen se remonta a épocas inmemoriales. Una cultura cuya ética y estética se muestra tanto en su pensamiento como en sus manifestaciones artísticas: pintura, poesía, filosofía, caligrafía, paisajística, literatura, danza... Nos referimos a la China milenaria.

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El singular carácter del hombre chino se nos manifiesta sensible, intuitivo, cortés, refinado, un tanto impreciso a veces, pero siempre delicado y sutil, desconcertando con frecuencia la mentalidad pragmática y racional del hombre occidental. Sin embargo, si imbuidos de paciencia y respeto, somos capaces de penetrar en su mundo para conocer sus costumbres y comprender sus valores, veremos entonces que China es una de las culturas más refinadas de la historia de la humanidad.

Situémonos en el espacio y el tiempo y retrocedamos hasta los alrededores del siglo VI a.C. En ese tiempo, encontramos a un Imperio Chino ya envejecido, que habiendo perdido el  esplendor de las primeras dinastías míticas, atraviesa momentos difíciles de conflicto social e inestabilidad política. Sin embargo, esa crisis no podía durar mucho, pues el carácter del hombre chino, se caracteriza por una búsqueda constante de equilibrio. Y así, el pueblo chino, fue capaz de transmutar la crisis social que acosaba a su país, en una semilla fecunda para la gestación de un nuevo periodo de esplendor.

Es precisamente en este momento cuando van a nacer dos de los más grandes sabios de todos los tiempos: Lao Tse, y Confucio, apareciendo poco más tarde en escena la notable influencia del pensamiento budista a través del maestro Bodhidharma. De esta forma, Taoísmo, Confucianismo y Budismo se convierten en tres sistemas filosóficos, que siendo muy diferentes entre sí, se interpenetran de tal modo que da por resultado las distintas facetas del alma china.

Como ocurre generalmente cuando profundizamos en los grandes personajes de la humanidad, los datos biográficos se mezclan frecuentemente con los modelos míticos y legendarios, adornando de esta forma la vida y las enseñanzas de estos protagonistas de la historia. Así, teniendo en cuenta este factor, haremos un breve paseo por la vida y la obra de estos tres grandes sabios: Lao Tse, Confucio y Bodhidharma que tanto han influenciado la cultura china desde sus orígenes hasta nuestros días.

La biografía de Lao Tse se haya envuelta entre las nieblas del mito, pues según nos cuenta la tradición, nació de la anciana doncella Nyu-yu alrededor del año 604 a.C., después de llevarlo dentro de su seno durante setenta y dos años. De esta forma vino al mundo un niño ya canoso y lleno de arrugas, al que le pusieron por nombre Lao Tse, que significa “Viejo Filósofo”. Lo cierto es que bien poco es lo que se sabe históricamente de él, puesto que: “¿Qué cosa puede decirse de un hombre decidido a que no se diga nada de él?”

El texto clásico del taoísmo es el Tao Te King y de él se ha comentado que “nunca tanto pensamiento ha sido condensado en un espacio tan pequeño”, puesto que sólo consta de diez mil caracteres chinos, que pueden ser leídos como un largo poema filosófico. Su enseñanza se fundamenta en el concepto del Tao, que podríamos traducir como “la Vía” o “el Camino” y que constituye una de las ideas más profundas de la historia del pensamiento, a la vez que sutil e inapresable, pues representa el Principio primordial, innombrable e indefinible, que es anterior a toda manifestación y que sin embargo se halla inmerso en toda la Naturaleza. Tao es el origen de todo lo existente, el destino final y la fuente a la cual todo debe retornar algún día.

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Así, nos encontramos con una filosofía Trascendente cuyo objetivo final, es cumplir el camino de retorno hacia el Origen Primordial, siendo el wu-wei o vacío interior, el medio que debe encontrar el hombre para poder alcanzar la unión final con el Tao.

El concepto de vacío es difícil de entender para el hombre occidental, puesto que no se trata de un vacío entendido como “la nada”, sino como “la abstención de hacer cualquier cosa que sea contraria a la Ley Natural”. Un concepto similar al de la “acción en la Inacción” del hinduismo, o al de “desapego en la acción” que propugna el Budismo. Por eso, también para el taoísmo, el concepto de sabio no es el de un hombre que tiene una gran acumulación de conocimientos, sino de aquél que vacío de deseos y pasiones, es capaz de fusionarse y diluirse en la Corriente natural de la Existencia. Por eso los sabios chinos nos dirían que el Tao se manifiesta en el hombre, sólo cuando éste consigue ser fiel en pensamiento, sentimiento y acción a la propia naturaleza de su Esencia Espiritual, que es de idéntica naturaleza a la Esencia del Universo.

Podríamos seguir hablando de esta fascinante doctrina, aunque en realidad, como dicen los taoístas: “Quien conoce el Tao no habla de él, quien habla de él no lo conoce, ya que el Tao se intuye sin necesidad de palabras... El Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao”...

Si bien el Taoísmo fue actualizado en el siglo VI a.C. por Lao Tse, éste se remonta a muchos siglos antes... hasta las fuentes ancestrales del I Ching, el famoso Libro de las Mutaciones, mejor conocido en Occidente como “Libro de los Oráculos”. Una obra constituida por sesenta y cuatro hexagramas, cuyas combinaciones muestran todos “los posibles patrones o modelos a seguir”, tanto a nivel cósmico y terrestre como a nivel humano. Así, siguiendo un complejo ritual, el hombre que se acercaba a consultar el I Ching podía acceder a las condiciones en las que se encontraba la Naturaleza en ese preciso instante, como si se tratara de un mapa virtual capaz de reflejar la realidad presente, tanto a nivel interior del consultante, como a nivel de las circunstancias externas a él. Por eso, más que un libro de adivinación, el I Ching estaba considerado un libro de Sabiduría, puesto que le ayudaba a discernir, sin quitarle la responsabilidad de ejercer su libre albedrío. El I Ching se convertía así en “un viejo amigo, que aconseja con toda la serenidad y la sabiduría de la cultura china”.


Por otro lado, no debemos olvidar otro de los más grandes pilares donde se asienta el pensamiento Chino, el Ying y el Yan. Este símbolo tan popularizado en Occidente representa las dos polaridades de la manifestación: el día y la noche, lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte..., o como dirían ellos: “el lado umbrío y la solana del monte”. Estas dos polaridades o estados extremos de una misma realidad, en su constante devenir cíclico, generan el perfecto equilibrio en cualquiera de los campos del saber y de la experiencia humana. Así el Ying y el Yan lo encontramos aplicado a todos los aspectos de la vida del hombre chino: astrología, medicina, ciencia, filosofía, arte, mística o política, puesto que ellos consideraban que tanto la salud física como la psicológica, la mental o incluso la espiritual, consistía en mantener un perfecto equilibrio entre las distintas fuerzas opuestas de la vida.

De la misma manera que el Ying y el Yang se armonizan dando lugar al Universo, el Confucianismo y el Taoísmo se equilibran también en una sola unidad: el alma china. Una síntesis fecunda entre ética y mística, razón e intuición, pensamiento y sentimiento, teoría y práctica, exigencia y tolerancia, análisis y síntesis, expansión y consolidación, innovación y conservación...

Sobre la vida del maestro Confucio hay numerosos datos históricos, pero igualmente están impregnados de una pátina de leyenda. En el 551 a.C nace Kung-Fu-Tse, el que sería llamado en Occidente Confucio. Se cuenta que su nacimiento estuvo marcado por signos extraordinarios: dragones velando el feliz acontecimiento, hadas que perfumaron los alrededores con mágicos inciensos, y músicas celestiales que bañaban toda la atmósfera...

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Desde la niñez disfrutó de la conversación con los ancianos y sabios, y su gran inteligencia le llevó a leer y asimilar las grandes enseñanzas de su tiempo. Su carácter serio, reservado, práctico y responsable le condujo a asumir en su edad juvenil,  importantes cargos administrativos, llegando a ocupar el cargo de ministro de Justicia, director de Ocios y Jefe de Ceremonias. Sin embargo, el destino le tenía reservadas algunas sorpresas y a causa de sucias intrigas palaciegas se vio obligado a exiliarse, llevando a partir de entonces una vida de sabio errante, viajando por toda China enseñando, aconsejando y educando a príncipes y a mendigos, a jóvenes y ancianos, a todos por igual. Con más de tres mil discípulos, a la edad de setenta y tres años murió Confucio. Todavía hoy una sencilla piedra señala el lugar donde halló reposo alguien que vivió y murió por los más bellos ideales: la Justicia y la Fraternidad.

El Confucianismo aúna los conceptos de política y de ética. Si la Ética es la ciencia que ayuda a armonizar al hombre, la Política es la ciencia que ayuda a armonizar a la sociedad. Si el ideal ético de Confucio era la conquista del carácter del “Hombre Ju”, cuyas naturales virtudes son la benevolencia, la generosidad, la honestidad y la rectitud, su ideal político era conformar una sociedad cuyo gobierno fuera innecesario, debido a la calidad moral de sus individuos. Es por eso que el Confucianismo concede gran importancia a la educación, prestando especial atención a la armonía de las relaciones interpersonales que deben existir entre padres e hijos, amigos y hermanos, marido y mujer, gobernantes y gobernados.

Los textos atribuidos a Confucio y a sus recopiladores son sus Comentarios a los cinco clásicos y Los cuatro libros de la Sabiduría. Tal vez el más conocido de estos últimos, las Analectas, es el que mejor recoge las enseñanzas del viejo Maestro a sus discípulos, expresadas en un lenguaje de exquisita sencillez y respeto...

Finalmente, el Budismo penetró en China hacia el año 130 a.C. a través de la escuela Mahayana, y parece ser que en un principio fue confundido con una extraña vertiente del Taoísmo. Así pues, no será hasta la llegada en el siglo VI d. C. del maestro Bodhidharma, cuando esta doctrina místico-filosófica quede establecida oficialmente bajo el nombre de Budismo Ch’an. Un sistema de desarrollo espiritual que se consolidará como Budismo Zen a su paso por Japón.

El Budismo Ch’an es un estilo de vida que nace de la magistral síntesis entre los principios fundamentales de la filosofía hinduista, taoísta y confucionista, añadiéndose a todo ello el brillo sutil que le imprimió el propio Bodhidharma.

Según cuenta la tradición, alrededor por el año 495 d.C. el emperador Xiao Wen construyó en su bosque un hermoso monasterio. Años más tarde, en el 527, el maestro Bodhidarma, que había obrado grandes prodigios a su paso por China, decidió encerrarse tras los muros de ese monasterio en una profunda meditación que habría de durar nueve años. Esa escuela-monasterio mundialmente conocida hoy, tanto por su sistema de meditación espiritual como por su extraordinaria técnica de artes marciales, el Kung-Fu, no es otro que el legendario Templo de Shaolin.

Así, Taoísmo, Confucianismo y Budismo Ch’an se complementan y unifican  en el peculiar estilo de vida que nos ha legado la tradición china... una especial forma de ser y de sentir la existencia, que es a la vez intuitiva y reflexiva... mística y práctica... delicada como el viento y fuerte como la montaña...

“Si deseas que las palabras de tu poema sean sutiles y milagrosas, nunca te canses del vacío y de la quietud... Quieto, uno puede entender la esencia de las cosas innumerables... vacío, uno puede recibir diez mil mundos en su interior...”

Esta es la sensibilidad del espíritu chino... Un sutil sentimiento que nos resulta lejano y a la vez extraordinariamente familiar, pues como diría un viejo maestro chino:

“Los extremos se tocan”

HERMINIA_GISBERTHerminia Gisbert
Co-fundadora y Vice-Presidenta de la Fundación Sophia y especialista en Filosofía del Arte Antiguo.
www.fundacionsophia.com

 

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